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martes, 12 de julio de 2016

REPORTAJE: DE CRUCERO, Y A LO LOCO



Por Nieves García Centeno

Irse de crucero por el Mediterráneo solo y por primera vez tiene su punto. Desconectas. Unos pocos días son suficientes, sino la singladura puede resultar eterna y también depende de las escalas que estén incluidas en la ruta. 

Para parejas es ideal; esos paseos por la cubierta, de proa a popa, foto aquí y allá, teniendo como marco unas maravillosas puestas de sol sobre un mar eterno. También con una  o dos amigas, selfie va y viene; o si se prefiere en plan pandilla, aunque recomiendo que los colegas se conozcan muy bien por eso de ponerse de acuerdo en las actividades a realizar, horarios, etc. sin que surjan desavenencias. Y para familias con niños (incluyo hasta bebés), ¡es la gloria bendita! Los más pequeños tienen mini parques acuáticos, salas de juegos, de deporte, cine, guarderías, mientras los papás se pueden relajar sin dudarlo. 

Porque en un crucero se puede hacer de todo. Hay hasta bingo, discoteca, teatro, sala de internet, spa, restaurantes varios… y el buffet. Te vas a hartar de comer, me dijeron. Bueno, pues no. Este maravilloso sitio no está abierto siempre, y como no estés al tanto, te puedes quedar sin llevar nada a la boca una vez que llegas agotado y famélico de las visitas a tierra. Porque conocer las ciudades en donde el barco atraca cada mañana puede resultar el mayor atractivo del viaje: Barcelona, Mallorca, Marsella, Savona, Génova, Roma, Cerdeña, Nápoles, Atenas, etc. Puedes ir por tu cuenta o apuntándote a las excursiones que realiza la naviera, que, por supuesto, están muy bien, pero que cuestan el triple de lo que te puede salir si vas por libre, y menos instructivas. Nada como patear desde el puerto nuevo (la mayor parte están en obras ampliando muelles) hasta el puerto viejo y luego indagar qué autobuses coger para ir a uno u otro monumento, museo, plaza o lo que se precie. La vuelta de estas rutas, a una hora demasiada temprana para mi gusto, siempre es estresante, ¡no vaya a ser que se vaya el crucero sin ti!

Los meses primaverales u otoñales son los mejores para encontrar cruceros a buen precio, luego añade el desplazamiento al puerto desde donde salga el barco, y los extras que se te pueden ir acumulando, como las excursiones, las bebidas (si no has contratado el todo incluido), Wifi y los gastos en tierra. Y ya. Si no quieres gastar más no tendrás necesidad. 

La llegada al barco es emocionante, todo por descubrir, y es igualito que subir a un avión. Hay que pasar varios arcos de seguridad, facturar maleta, que luego te llevarán a tu camarote, y esperar en la zona de embarque hasta la hora indicada y por turnos numerados, ya que nos juntaremos en el barco más de cinco mil personas, entre tripulación, la mayor parte filipinos o malayos, y viajeros. Antes habrás tenido que cubrir un cuestionario de salud, no vaya a ser que contagies la gripe o algo peor al personal. Entonces tendrás que empezar a sacar tu faceta políglota, porque de todo menos español: inglés, francés, italiano, … Acabarás contestando de todo: merci, thank you, grazie, menos gracias. Ya estás a punto de cruzar la pasarela que te separa de tierra firme, pero te paran para hacer dos fotos, una de control, ¡y otra delante de un timón que es la que te querrán vender, entre otras, como recuerdo de la travesía! 

Por fin estás dentro del navío, ¡qué lujo, qué lucerío y colorido, qué moquetas, cuántos ascensores! Si, doce lifts por planta, de las once que cuento. Voy a mi camarote; es pequeño pero bien decorado, con TV, el baño, armario, toallas, jaboncitos, secador de pelo .... No tiene ventana, pero también por eso ha resultado más económico; los hay con ella, con balcón e incluso suites. Me gusta. Allí está la hoja del diario de a bordo donde te explican lo que va a haber en el barco ese día y que irán renovando cada jornada. Al llegar es obligatorio hacer un simulacro de abandono del crucero, de lo que nos informan en el salón de actos. Te tienes que presentar con el chaleco salvavidas, de color naranja (el de la tripulación es amarillo), que encontré en el armario. Allí nos muestran un vídeo sobre qué hacer en caso de cualquier percance, incendio, hundimiento, que se avisa con siete pitidos y uno largo final, y ya por grupos, cuál sería la zona de mi bote salvavidas. Estas indicaciones se realizan todas las veces que suben nuevos pasajeros. 

Cuando el barco sale del puerto, la mayor parte subimos a cubierta; el mejor sitio es la popa, a la vez que las barandillas se llenan de viajeros diciendo adiós a la gente en tierra y a la que como nosotros está en otros cruceros, a veces más de siete, esperando también para salir. Suena la bocina y semejante mole naviera comienza a moverse. Pelos como escarpias.
Y entonces podemos comenzar el tour por el barco. ¡Es para perderse! De babor a estribor, de proa a popa, tumbonas por todos lados, piscinas, jacuzzis, y dentro, más piscinas. En los otros pisos (los puentes, para ser más exactos, y cada uno con su nombre) encuentras, además de los camarotes, distribuidos en pasillos interminables, los salones con pistas de baile, bares, restaurantes, alguien tocando el piano, una voz femenina, y el desk de recepción, a rebosar de gente que plantea dudas de todo tipo. Allí voy yo también, pues he hecho ya muchas fotos que quiero a subir a las redes sociales y necesito wifi ya! Eso sí, pagando una cuota.

La cena, en dos turnos, se puede hacer en alguno de los restaurantes, lo que te permite relacionarte con otros cruceristas, ya que te colocan por mesas, y pagando las bebidas, of course. Así pude conocer a una pareja jubilada de Valencia, ya verdaderos expertos en cruceros, y que nos iban explicando todas las incógnitas; una pareja joven de Zaragoza, también su primera experiencia, y un padre ruso con su niña, aunque residentes en España, y con los que vas manteniendo conversaciones de la travesía, los platos del menú que te van sirviendo o sobre la tripulación, como que entran en tu cabina tropecientas veces al día.

Según rezaba el diario de navegación, todos los días a las siete y media (que será el horario de los que cenen en el primer turno, y de esta manera nos reparten por el barco) tendremos una actuación en el teatro, con espectáculos de patinaje, baile, canciones, tipo revista, con un nivel espectacular, la verdad sea dicha. Después de la cena vuelve a haber más actuaciones, música en directo, discoteca. O simplemente atreverse a subir a cubierta, bien abrigado, y disfrutar de la noche y el mar, mientras a lo lejos ves al resto de cruceros iluminados acompañándote al siguiente destino.

viernes, 11 de julio de 2014

ESTAMBUL: MAGIA TURCA ENTRE DOS CONTINENTES

La entrada en Estambul, aunque no es comparable, nos recordaba a la entrada en Venecia. Dura aproximadamente 1h y tuvimos delfines como gran compañía. Dada la dimensión de la ciudad podemos decir que la hemos conocido un poco... aunque lo necesario y lo más famoso. No hace falta pagar visa diaria (al menos para españoles), solo te registra la policia a la salida la tarjeta de embarque. 




La ciudad se puede visitar entera en metro y cuesta cada token 1,60€/persona que se comprar en máquinas que están de la propia parada. 


Se atraca en Yolcu Salonu Cruise Terminal a unos 20/25 minutos a pie del puente Galata, aunque se puede coger un metro en la parada de Tophane, enfrente de la Mezquita de Nusretiye o de Istambul Modern, y se llega en 5 minutos.  
 

 
Si queremos visitar la Torre de Galata hay que bajarse en la parada de metro de Karaköy y subir unos 200 metros. Tiene una vista espectacular de la bahía.
 



 
Tras pasar el Puente de Galata, al final encontramos el Mercado de las Especias y la Mezquita de Eminonu Yenicami. Merece la pena entrar al mercado y ver cómo tienen ordenada la alimentación y comprar algo típico.  
 



 
Para conocer el resto de la ciudad nosotros optamos por seguir la línea de metro, dado que sigue las zonas turísticas. A la altura de Sirkeci, que es donde está la estación de trenes de Estambul, hay un punto de información turístico (muy poca información) y varias oficinas de cambio por si se quiere comprar o vender liras turcas.

 
En 20mins estábamos ya en el Palacio de Topkapi. Recomendamos verlo el último aunque si se va a primera hora puede ser una buena opción. Esperamos unos 15/20 mins para comprar el ticket. Es un palacio demasiado grande para verlo si se está sólo un día y se puede tardar hasta 3h en conocerlo bien. La alternativa que seleccionamos nosotros fue la de ver simplemente el Palacio y sus jardines, que es la más barata y cuesta 25 liras turcas (10€/persona). En algunas salas hay esperas de  hasta 20 mins, por ejemplo para ver las joyas de los sultanes. 
 














  
De aquí nos marchamos a la Mezquita de Santa Sofia. Impresionante. Para nosotros lo mejor de la ciudad en cuanto a monumentos se refiere. Al igual que otros lugares, cola de 20 mins y la entrada 25 liras por persona. En la espera fuimos a un quiosco de comida a comprarnos la típica rosquilla de pan "Simit". Aunque está un poco descuidada y podrían restaurarla completamente, es impresionante. Tiene una ornamentación y unos mosáicos sensacionales.











La pausa ya era necesaria, así que la mejor forma de recuperar fuerzas era comer. Nos decidimos por el Omar Restaurant en Safetaki Street. Subimos a la terraza superior desde donde teníamos vistas a las dos mezquitas y debajo estaban las Cisternas. Magnífico. Como era de esperar comimos un kebab. 



Con la panza llena, la siguiente parada era la Mezquita Azul. Tienen ciertos horarios para visitarla debido a los rezos. Abre de 8:30-12:15h, 14:00-16:30h y de 17:45-18:30h. Es gratis. Para entrar hace falta hacerlo sin zapatos y las mujeres deben llevar velo. Si no dispone allí en la entrada ponen a disposición. En esa zona de entrada donde confluyen miles de zapatos y pies descalzos... "vaya olor a pies". La mezquita como tal no nos ha llamado tanto la atención. Tiene una gran zona de culto y rezo y no se puede ver más. Una pena. Eso sí, los exteriores con extraordinarios.







Lo más bonito de esa zona es estar en el Parque Sultan Ahmet y ver las dos mezquitas, la fuente, los jardines y las termas convertidas ahora en un bar.





Otro de los puntos de interés son las Cisternas, aunque es más espectacular por lo que suponen que por lo se ve realmente. 




Una de las últimas paradas, obligatorias, fue el Gran Bazar. Hay que tomar la linea 1 de metro y llegar hasta Beyazit. Hay de todo, todo y todo. Es un despliegue de comercios de comida, ropa, joyas, colonias...  Muy bonito. 







Ya a la vuelta paramos en la estación de Eminonu (en el puente de Galata) para tomar un té y comer un donner kebab por 6€, justo detrás de la Mezquita de Yeni, una opción excelente antes de ir al barco, dado que ya llegábamos tarde para la cena. Se puede comer igualmente por la noche en el Puente de Galata donde hay muchísimos puestos y barcos para comer en Galata. Recomendamos los restaurantes antes que los barcos. Y de postre compramos unos Lokum en la tienda delicatessen Koska.





Si queréis cambiar el dinero que os sobra de liras turcas, las oficinas suelen abrir hasta las 20h. Aquí mismo, detrás de la mezquita, hay una. Desde aquí de nuevo en metro marchamos hasta Tophane (dirección Kabatas) pasando por puente Galata. En Tophane está la Mezquita Nusretiye donde se puede cenar en el llamado Istambul Modern. 


En definitiva, una super ciudad donde la gente es muy amable y que merece pasar un tiempo para conocer mejor el día a día. Si se desea visitar en barco el Estrecho del Bósforo, lo mejor es descartar alguna visita, o hacerlo a primera hora de la mañana.
 
 
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